Anselmo
González del Valle y
Fernández Roces (Oviedo 1820 – Madrid 1876) fue un destacado empresario y
mecenas asturiano que cimentó su inmensa fortuna en Cuba durante el siglo XIX.
Tras emigrar a La Habana en 1840 llamado por su tío, se especializó en la
industria del tabaco, destacando por ser uno de los primeros fabricantes en
involucrarse directamente en el cultivo agrícola en la región de Vuelta Abajo.
Su éxito comercial se consolidó con la creación de la marca La Integridad y,
posteriormente, con la adquisición de la prestigiosa firma Hija de Cabañas y
Carvajal, lo que le permitió expandir sus negocios hacia los ferrocarriles y el
sector inmobiliario tanto en la isla como en España.
Su
relevancia social fue igual de notable, contrajo matrimonio con María de Jesús
González Carvajal en 1851, cuya familia pertenecía a la élite tabaquera de la
época. Anselmo ocupó importantes cargos políticos, llegando a ser alcalde de La
Habana y regidor de San Cristóbal, además de destacar como un generoso
filántropo. Entre sus obras benéficas sobresale el apoyo económico a la
Universidad de Oviedo para evitar su cierre, así como donaciones a
instituciones religiosas y la fundación del Casino Español en La Habana.
En 1859 María de Jesús se trasladó
a vivir a Estados Unidos, dejando a sus hijos al cuidado de su padre. Hacia
1863, tras el fallecimiento de su hija de seis años, María Mercedes, Anselmo
decidió enviar a sus dos hijos varones, Anselmo (1852-1911) y Emilio Martín (1853-
1911), a Oviedo, quedándose él al frente de sus negocios, aunque viajaba
frecuentemente a España.
Emilio
Martín González del Valle tras iniciar sus estudios con los jesuitas en Cuba, le
trasladaron a Asturias a los diez años, donde desarrolló una brillante carrera
académica que culminó con un doctorado en Derecho. Durante su etapa en Madrid,
se sumergió en el efervescente ambiente intelectual del Ateneo, lo que despertó
su vocación como periodista y colaborador en publicaciones de prestigio. A
pesar de su juventud, regresó a Cuba como catedrático de la Universidad de La
Habana, pero su vida estuvo marcada por una intensa actividad política entre la
isla y la península. Fue diputado por Pinar del Río y Luarca, además de senador
por Lérida. Aunque de convicciones monárquicas y católicas, se distinguió por
defender un régimen autonómico para Cuba. Al margen de su actividad política
destacó su actividad intelectual siendo vocal de la Comisión Provincial de
Monumentos de Oviedo, académico de la Real Academia de la Historia de Madrid y
desempeñó diversos cargos en distintas instituciones culturales. Fue nombrado I
Marqués de la Vega de Anzo (parroquia de Grado) en 1889.
Se casó con Julita Fernández de Miranda y
Vives (1858-1890), hija del General Ponte y hermana de Álvaro Fernández Miranda
y Vives vizconde consorte de Campo Grande, y autor a principios del s. XX del
libro "Grado y su concejo". Julita falleció a la edad de 32 años tras
haberle dado ocho hijos. En 1892 se casó en segundas nupcias con Carmen Astray
y González de Briones con la que tuvo tres hijos. Falleció en Córdoba dejando
un legado como intelectual y jefe del Partido Liberal en Asturias.
Villa
Santa Julita, está situada en la parroquia de Castañéu en Grado y es una de las
construcciones más emblemáticas del concejo. Fue mandada edificar en 1891, el
arquitecto encargado del proyecto fue Nicolás García Rivero, ovetense de
renombre cuya obra más reconocida es el antiguo Palacio de la Diputación
Provincial hoy Palacio de la Junta General del Principado de Asturias. Aunque
hoy se percibe como una majestuosa residencia de verano, su origen tuvo un
carácter marcadamente filantrópico, ya que inicialmente fue concebida para
albergar un asilo de ancianos, motivo por el cual tiene esa peculiar planta en
forma de H con una capilla justo en el centro, que separaría la zona de hombres
de la de mujeres. Esta intención
fundacional explica su sobria arquitectura de estilo historicista, que se aleja
de la estética más colorista de otras casas indianas de la época para adoptar
una presencia más institucional y solemne.
El
interior del palacete atesora un patrimonio cultural de gran valor, destacando
una extensa biblioteca privada y una capilla presidida por un altar de mármol
de Carrara y dos cuadros de 1891: “La Caridad” de José Robles y una
“Crucifixión” de José Uría y Uría. A lo largo de las décadas, tras el
fallecimiento de Julita y el posterior matrimonio del Marqués, el edificio
consolidó su uso como vivienda señorial para la familia. En la actualidad,
Villa Santa Julita continúa perteneciendo a los descendientes del marquesado,
quienes han preservado la integridad de la finca y su mobiliario original.
https://www.ayto-grado.es/e-villa-julita
Fotografías del interior en : https://asturiaspordescubrir.com/articulos/villa-santa-julita/
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